Pareciera como si la comida se pudriera en sus manos, al simple roce de sus dedos se le deshacía como si intentare agarrar un puñado de arena seca. La textura de lo solido se hacia imprecisa, insustancial, barro carcomido por el tiempo y la dejadez. Y el olor era nauseabundo, insoportable incluso en la distancia, caducado años atrás, incomible. Así me sentía cada vez que intentaba probar bocado, y esa desazón, ese querer y no poder, me volvían loco. Tan loco que una rabia desenfrenada se apoderaba de mi ser, de mi entera voluntad hasta dominar incluso mis sentimientos mas contenidos, mis pesadillas mas enterradas.
Aun cuando sabía a ciencia cierta que algo extraño pasaba con mi cuerpo, no acertaba a localizar el foco de la diferencia, pero era indudable que algo no marchaba bien. Tenía trastocados todos mis sentidos básicos, empezando por la vista, entremezclándose imágenes del escenario donde me encontraba, que parecían reales y ciertas, con otras percepciones superpuestas llenas de destellos y coloridos que dañaban mis ojos y me descolocaban, mezclándolo todo en un conjunto surrealista y altamente perturbador que me volvía loco, desquiciado, luchando hasta la extenuación por intentar enfocar la escena y hacerla lógica, natural.
El olfato era otro sentido que tenía gravemente alterado, diría que para peor porque me alteraba aun más si eso hubiera sido posible. Se mezclaba con la perturbadora experiencia visual en un todo caótico y desenfrenado que me desorientaba hasta el ridículo. No me olía a mí, como si fuera totalmente neutro, ni a los animales que se me acercaban y luego huían con los pelos erizados y extraños arrebatos lastimeros de lloriqueos o gruñidos exacerbados. No entendía nada, salvo que no me provocaban sentimiento alguno, si empatía ni sensaciones, eran como piedras en movimiento, como partes móviles de la calzada que se desplazaban con libertad, a capricho.
Vagabundeaba por una calle oscura, huyendo de las luces de las farolas y de los faros de los coches, que me provocaban dolorosos ramalazos eléctricos. Había tirado los restos del sandwitch que había intentado comerme, era incapaz de meterme aquella cosa en la boca y masticarlo, ni tragarlo siquiera sin degustar. Aunque tenia que admitir que el hambre que tenia era descomunal, como no lo había sentido jamas, hasta el punto de que las encías me taladraban la cabeza con martillazos de dolor, y la saliva se me escapaba incontrolable por las comisuras de la boca. Poca cuenta me daba de ello, sin embargo, en mi afán de buscar un momento de descanso a mis dolores físicos, a mi vacío estomacal de grotescas proporciones y a mi entumecimiento cerebral y visual. Si fuera capaz de encontrar un hospital, cualquier tipo de centro sanitario donde pudieran atenderme. Por otro lado, iba a ser una auténtica una tortura entrar allí.
A pocos pasos escuche un ruido y me tambalee de la sensación de vértigo que me produjo. Agarrándome a la pared, intente enfocar la vista y me pareció ver a una mujer saliendo de un coche con el motor aun en marcha. Sí, eso era. Esperé a que bajara del todo. Iría a pedirle ayuda, si conseguía llegar.
La silueta, que permanecía ante mi visión deformada como ondulante y desproporcionada, brillo con una aureola angelical cuando conseguí verla de cuerpo entero. Para entonces, el vehículo siguió su curso y dejo a la mujer allí. Ahora la veía bien... Bueno, algo mas enfocada por ese resplandor que irradiaba y que, no solo no me molestaba, sino que me tentaba con acercarme. de su cabeza despedía hermosos destellos azules y verdes, como si anidara en ella una Vía Láctea de esas tan bonitas que ves en los documentales, llena de reflejos y puntitos luminosos en armonía. Era hipnótico, atrayente... y lo que me resulto mas curioso, avivó mi hambre. Tenía que alcanzarla, tenía que verla de cerca, tenía que hincarle el diente. Algo tenía en su cabeza... no, no en su cabeza, salia por los ojos y las orejas, incluso por los orificios nasales... Salía de su cerebro.
En ese instante lo supe, tenía que comerme su cerebro. Tenía que paliar el hambre... Y eso hice, amparado por las sombras, camine a toda la escasa velocidad que me permitían mis piernas anquilosadas, casi sin hacer ruido, ansioso, meticuloso hasta el extremo, y me abalance sobre ella a la salida del callejón con una furia demencial, dispuesto a despedazarla sin dejar restos, sin darle tiempo a reaccionar.
Y así puedo decir que probé el manjar mas delicioso de todos cuanto he probado nunca. No se que me ocurre, cada vez me siento mas torpe y rudimentario en mis pensamientos y movimientos, peor una cosa me relaja y me despeja momentáneamente, paliando mi hambre y desembotando mis sentidos, y es comer cerebros humanos, cerebros que cazo impunemente en la oscuridad de la noche al amparo de sucias esquinas y callejones con escasa o nula iluminación, y me escondo de la dañina luz del día a la espera de volver a cazar para mitigar el hambre y el dolor. No sé lo que soy, pero tengo algo muy claro... que no estoy vivo y que tengo hambre, mucha hambre....
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martes, 30 de junio de 2015
viernes, 29 de mayo de 2015
Historia de terror: Calma eterna
Los ojos
vacíos miraban al cielo, hacia un Sol inclemente que ya no podía hacerle ningún
daño a sus retinas marchitas, desechas por el propio paso del tiempo
inmisericorde, a través de una corriente ininterrumpida de agua fría y salada
que enturbiaba la percepción de la luz y provocaban extraños efectos circulares
y en espiral, ondulantes, haciendo que la esfera solar se difuminara en unas
formas móviles sinuosas y torturadas.
Eso es lo que
le hubiera parecido a aquellas cuencas secas, si no hubieran estado tan vacías
e inapetentes. Pero ya no podían ver el Sol, ni aún deformado, ni sentir su
calor infiltrarse entre sus cavidades.
El individuo
permanecía quieto, inexpresivo, en una extraña paz eterna, entre el murmullo
interminable del movimiento acompasado de las olas y la suave caricia del
deambular curioso de las pequeñas criaturas marinas que habitaban en las
inmediaciones. Era una quietud serena, gozosa, y era lo único que acertaba a
comprender. Ya no quedaba nada de su humanidad, ni sus sufrimientos ni sus
alegrías diarias. Ni siquiera los recuerdos de aquellos seres que tanta
felicidad y pesar, a partes desiguales, habían logrado proporcionarle. Sólo
sentía un extraño placer que rozaba lo místico, en el frío perpetuo, en la
soledad coronada de luz de Sol o de estrellas titilantes, en la falta de anhelo
por vivir. Sí, podía llamarse placer a la sensación de no sentir, o mejor aún,
a la falta de sensaciones humanizadas, a la despreocupación por lo físico. Si
vida se reducía ahora a un flotar acompasado, situado entre las fronteras de la
conciencia y la inconsciencia, cada vez más cerca de la segunda que de la
primera, cada vez más muerto, más ido, a una velocidad imperceptible.
El joven
submarinista yacía boca arriba, a escasos centímetros del nivel del mar, atorado
entre un grupo de rocas irregulares que habían destrozado parte de su carne,
atrapando su castigado cuerpo maltrecho entre sus oquedades, impidiéndole
escapar o ser arrastrado por la corriente hacia la orilla. El cadáver permanecía
mecido por la marea pero sin soltar su agarre, mecido caprichosamente, cada vez
más deteriorado pero insensible ya a esos conceptos mundanos. No quedaban en él
restos de su equipo de buceo, ni apenas carne o musculatura adherida al hueso
astillado. Llevaba demasiado tiempo siendo pasto de las inclemencias
medioambientales, del ambiente húmedo y de la propia naturaleza animal, que, en
justa sintonía divina, lo había devorado a conciencia, dejando el hueso
carcomido y pelado en un meticuloso aprovechamiento de todo lo comestible.
La calma
continuaba inmutable día tras día, mes tras mes, y a pesar de no ser ya más que
una unión fortuita de huesos y cartílagos, algo quedaba en él. No vida, no
sentimientos, no sensaciones… pero algo quedaba, algo que le hacía sentir bien,
aunque sentir tampoco fuera la palabra. Estaba donde debía estar, justo en el
momento y en el estado en el que era… feliz. Estable, tal vez. En realidad no
era tan difícil de explicar. Ese era su sitio y allí debía permanecer todo el
tiempo posible. Siempre había amado el mar hasta desear darle su vida y su
esencia más profunda. Era su sitio, sin más por qués ni más historias.
Ese mismo día,
unos chicos, jugando a ver cuál de los tres cogía más cangrejos para cocerlos
con agua y sal y comérselos para la cena, encontraron el cuerpo de Jose Juan
encallado entre unas rocas de difícil acceso. A las pocas horas, la policía
rescataba sus restos. Minutos más tarde, alejado de su apacible lugar de eterno
reposo, se vio tristemente forzado a partir, al menos lo que quedaba de su
esencia, y descansar en paz, o eso pensarían sus seres queridos, sin saber que
ya estaba descansando justo donde quería hacerlo, en su amado mar.
lunes, 27 de abril de 2015
Reseña sobre el precio de entradas del Salón Manga de Jerez 2015
Continúo con los post sobre el Salón Manga, pues aún me queda material para varios. Respecto al precio, pues no voy a decir más de lo que ya se ha comentado: mayor precio y menor calidad me parece una mala proporción. Ahí van algunos comentarios de tweeteros afines a la causa:
martes, 21 de abril de 2015
lunes, 20 de abril de 2015
Reseña sobre Salón Manga de Jerez 2015 referentes a la organización
Continuamos con los comentarios de los visitantes al evento, en esta ocasión dejo constancia de las alusiones directas contra la organización. Dejo claro, de nuevo, que no son mis opiniones, que son opiniones anónimas (bueno, no tan anónimas aunque he preferido respetar el anonimato de los tweeteros porque no les he pedido permiso para exponer sus datos o nicks), y que no tengo por qué estar de acuerdo con todas ellas, mucho menos con las más insultantes, pues creo que insultar no es la manera de solucionar las cosas, hay vías legales o reglamentarias para exponer nuestro malestar. Aún así, no seré yo quien censure a nadie. Ahí van:
Reseña Salón Manga Jerez 2015: Sobre prohibiciones en general
Aquí tengo un par de reseñas, escuetas pero contundentes, sobre la opinión de algunos visitantes al evento sobre las restricciones o prohibiciones, en general, sin entrar en detalles. Ahí os las expongo para que quede constancia de ellas:
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