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lunes, 19 de enero de 2015

Relato: El primer autobús de la mañana




El despertador sonó impertinente, repetidamente y con sorna, mientras despertaba a la dura realidad de una mañana que aún no había nacido. Con los ojos aún adormilados y el mal humor que acostumbra a invadirme cuando tengo que levantarme a esas horas vesperinas en las que todavía el sol está lejos de espabilarme, apagué el atronador sonido que me torturaba y procedí a encender el móvil, como tenía por costumbre hacer cada vez que tenía quedada con mi grupo de senderismo y debía comprobar novedades en la programación. Miré a través de la ventana mientras el teléfono se volvía activo y funcional, y una luna aún alta y luminosa inundaba el cielo despejado. El viento soplaba con fuerza, zarandeando las ramas más altas de los árboles que poblaban la acera opuesta de la calle donde quedaba mi vivienda. Observé que no había cancelaciones ni cambios en los horarios, así que me vestí con la ropa que había dejado preparada la noche anterior (noche, qué ironía, como si ya fuera de día) y me bebí un vaso de colacao caliente con los grumitos flotando en una nube oscura, burbujeante. Ultimé los detalles con rapidez y salí al frío aire de mediados de enero con la nariz enrojecida por el frío y las manos agarrotadas.
Una compañera de sendero me había asegurado que el primer autobús de la mañana salía los domingos a eso de las cinco de la madrugada, así que salí corriendo para coger el transporte urbano que me llevara al punto de encuentro desde el que partiríamos la porción del grupo que salía de Cádiz capital y extramuros, rumbo a un sendero boscoso que prometía cascadas de agua cristalina, profusa vegetación y secciones rocosas de piedras milenarias.
Esperaba ansiosa en la parada más cercana a mi vivienda, con el aire cortante como única compañía, mi palo de senderismo a un lado y la gran mochila azul descansando en el suelo al otro lado, infatigables compañeros de aventuras. Intentaba paliar el doloroso frío dando pataditas en el suelo con las gruesas botas y las manos debajo de las axilas, resoplando dentro de la bufanda revuelta en torno al cuello. Era insoportable, arreciaba con furia y no había marquesina ni recodo en el que guarecerme, ni siquiera parcialmente.
Entre bostezo y tembleque, empecé a notar que las gafas se me empañaban. Parpadeé repetidas veces con la vista nublada, intentando enfocar al fondo de la calle sin conseguir más resultado que una gran confusión. Una extraña bruma parecía avanzar calle arriba en mi dirección, a una velocidad de vértigo. Era una nube espesa, acaparadora, que ocultaba las ventanas de los edificios paulatinamente, deprisa, y las puertas oscuras, e incluso parecía tragarse la luz de las farolas conforme las envolvía a su paso. Me asusté un poco pero la neblina y la humedad son tan usuales en Cádiz que no terminaba de entenderla como algo extraño y ajeno a mi ciudad.
La humareda, pues era tan espesa que parecía humo solidificado, continuaba avanzando y me imaginé atrapada a su paso en un cuento de pesadilla, poblado de criaturas fantasmales… Un ruido de motor rompió el silencio de la calle y, mientras la bruma terminaba de envolverme irremediablemente, un conocido estruendo mecánico la acompañó conforme el espacio a mí alrededor se iluminaba con una mortecina luz amarillenta, decadente, que emanaba de un vehículo de aspecto impreciso, irregular, que aparcó delante de mí de una manera antinaturalmente brusca.
El interior se veía a medias, con los cristales rectangulares velados, sombreados con nudosos movimientos espasmódicos aterradores. El interior irradiaba luz, pero era una luz a medias, una luz apagada, no me era fácil describirlo. En realidad podría definirlo mejor como un conjunto de sombras, como reflejos en el fuego de siluetas deformadas, torturadas en el fragor de una batalla o una danza macabra.
Me asomé sin adelantarme y no veía conductor, no veía nada con claridad. Todo parecía como cubierto con una gruesa sábana apelmazada, y las sombras se percibían distorsionadas, macabras. Y el estruendo era ahora ensordecedor, con una furiosa cantinela pegadiza de fondo entre un mar de gritos, gruñidos y berridos. Incluso dudaba que no hubieran despertado a todo el barrio.
No sé si era la curiosidad o alguna fuerza externa irrefrenable, pero lo cierto es que todo mi ser me empujaba con insidia, casi tangiblemente, hacia el interior. Y tenía que aferrarme al suelo con todas las fuerzas de mis piernas para no avanzar, para no ser introducida en aquel lugar de pesadilla.
Me aferré a la mochila, que agarré con fuerza, pero aquella fuerza me arrastraba con ella. Sin poderme frenar. Me empujaba, me dolía. Afortunadamente, una farola se interpuso entre la puerta y mi paso, ni siquiera recordaba que estuviera ahí, pero me agarré a ella con los ojos fuertemente cerrados y gritando en mi interior para silenciar toda aquella algarabía infernal. Y no sé cuanto tiempo estuve allí, ni sé si todo aquello fue real. El caso es que desperté en mi cama a la hora convenida para coger el autobus, como de costumbre, y mi mochila seguía a medio hacer, mi palo de senderismo reposaba donde siempre… y varias huellas de lo que parecían dedos habían dejado magulladuras profundas en mis brazos.

Relato: El camino más corto





Siempre que voy al centro procuro elegir el camino más corto. De hecho, no elijo nada pues la elección ya está tomada. Cierto es que el camino más corto es el más indeseable pero en diez o quince minutos llego fijo a mi destino, de otro modo tardo más de treinta minutos y me resulta igual de tedioso. Mi itinerario habitual es una carretera de doble carril con una acera a cada lado y espacio para aparcar entre medias. Es un terreno vacío, flanqueado por altos muros blancos a ambos lados y se antoja abandonado y solitario. Incluso hay espacios de suelo de tierra y gravilla hacia la zona central, a uno de los dos laterales. Los muros son gruesas elevaciones lisas de ladrillo y cemento de unos cinco o siete metros, con la parte superior adornada en forma de arcos rellenos de figuras geométricas regulares a cada tanto, homogéneas y deterioradas. Uno de los muros linda con la zona de los astilleros de la ciudad, con el dique seco, y todo el entorno está repleto de naves industriales, edificios administrativos y grúas gigantescas mecidas por el viento. Pero es una zona casi desértica y rara vez se ve trasiego de empleados o personal entrando o saliendo. Es un espacio silencioso, desamparado, se diría que muerto salvo por el tipo de la garita de entrada, que queda a la mitad de la ruta y rara vez está a la vista. Frente a la entrada al polígono hay un espacio abierto en forma de semicírculo, dejando esa zona central de la alargada avenida en forma de glorieta segmentada, con dos semicírculos rajados como dos medias naranjas. No, mejor aún, como el símbolo de la señal de tráfico de Stop girado con el corte central horizontal y plasmado en el asfalto como una calcomanía.
A un lateral, como dije, la entrada a la zona portuaria con su correspondiente garita y dos accesos, uno justo a su lado sólo para personal autorizado, y el otro a un lateral más apartado para las escasas salidas que se producían al complejo, igual de infrecuentes que las entradas pero menos controladas y accesibles.
Esa pues, sin lugar a dudas, un camino aburridísimo, monótono y rutinario, rellenado sólo por el continuo trasiego de la circulación de los vehículos que utilizaban esa vía más rápida de acceso al corazón de la ciudad, esquivando así la avenida principal y el paseo marítimo, y sus numerosos semáforos y accesos peatonales.
Este era el camino que yo solía utilizar, más cómodo que ir por las frecuentemente abarrotadas calles principales, llenas de tiendas, aceras estrechas colapsadas y jardines marchitos. No me resultaba un itinerario atractivo aún cuando la soledad y el abandono de esta zona no invitaban al paseo y al disfrute del entorno. Pero sí podía estar segura de que podría disfrutar mejor por el camino vacío y seco, de mis propias reflexiones, ir a mi ritmo, regodearme con la música de mis auriculares y, en dos o tres canciones, no más, cuando menos me lo esperaba, sin interrupciones ni divertimentos, ensimismada entre ensoñaciones y dilemas, llegaba a casa casi sin darme cuenta, inmersa en mi propio mundo.
Y esa noche actué como de costumbre. Sabía que era muy tarde pero la oscuridad se me hacía acogedora. No estaba nada cansada y el paseo me ayudaría a aclarar algunas cuestiones que venían rondándome. Un rato a solas para dialogar conmigo misma e intentar sacar conclusiones sin distracciones externas me vendría bien.
El camino se veía, como era habitual, bien iluminado por altísimas farolas que me parecían futuristas y me recordaban a los invasores extraterrestres de la película La guerra de los Mundos, sobre todo los del remake de Tom Cruise, donde las alienígenas, gracias a las nuevas tecnologías informatizadas, se veían mucho más altos y amenazantes. Claro que éstas, que me eran reales, sólo se limitaban a iluminar mi silencioso camino a intervalos regulares y el único peligro que derivaba de ellas se podría deber a su falta de funcionamiento más que a un peligroso ataque aniquilador.
Caminaba sola, relajada. Me gustaban esos momentos de intimidad. Pensaba en la próxima celebración matrimonial civil de una buena amiga mía y de lo que todo ello conllevaba de gastos económicos y desgaste moral porque para mí eso de comprar vestidos, ir de tiendas a probarme zapatos o decidirme por el mejor maquillaje me resultaban tareas muy monótonas. No me gustaba arreglarme demasiado ni las parafernalias que rodeaban la ceremonia, demasiados formalismos. Además, me recordaba continuamente a la gente “non grata” a la que tenía que saludar, con la que tendría que charlar, y sonreír. Vaya rollo. Si pudiera librarme, pero era imposible. Marta quería que estuviera allí, casi me lo había suplicado puesto que sabía mi reticencia a acudir a estos actos y contaba con mi presencia sin admitir ni un “pero”. Así que no me quedaba otra. Y además tendría que ir sin pareja y responder con una sonrisa ante frases del tipo: ¿todavía sigues sola? Se te va a pasar el arroz. En fin, tendría que limitarme a ignorar los comentarios molestos y beberme tres copas para ver la vida de otro color.
No me importaba no tener pareja, había pasado un infierno tras mi ya lejana última ruptura y ahora estaba genial conmigo misma, en paz, aunque tampoco rechazaba propuestas a la ligera si bien era cierto que cada vez me resultaba más difícil ver todas las virtudes de los chicos sin detenerme especialmente en sus defectos. Y los veía todos. La edad debía haberme vuelto sibarita respecto a mis gustos masculinos. O eso, o todos los buenos estaban ya cazados.
Continuaba mi camino pensando en todo esto, intentando aclararme, con fastidio. Un par de veces titilaron las luces de algunas de las farolas más cercanas y se oían zumbidos como de avisperos al acercarme. No estaban tan pegadas y había zonas circulares claras y zonas más oscuras, y ni un alma. O eso creía hasta que ví, en una de esas zonas menos iluminadas, unos movimientos bruscos justo al lado de un coche rojo con sus tonos oscurecidos y sin brillos. No se veía bien pero al menos tres bultos debía de haber, tres personas, dos con seguridad y lo que parecía una tercera caída en el suelo en una postura forzada. Comprobé que eran tres cuando dos de ellos tiraban del tercero del pelo hacia atrás y forcejeaban en un inútil intento de meterlo en el coche, que ahora distinguía algo mejor y tenía las dos puertas que daban a la acera, la trasera y la de copiloto, de par en par para facilitarse la tarea.
Me imaginé con claridad la escena. Seguramente aquel pobre tipo, dudaba que fuera una mujer pero tampoco lo tenía claro, debía ser uno de aquellos indigentes, inofensivos por regla general, yo nunca tuve ningún percance, que se acurrucaban en los días de invierno entre dos coches de los que se sabían abandonados  y permanecían allí aparcados meses y meses, cada vez más deteriorados.
Y seguramente aquellos dos niñatos de mierda vendrían borrachos o en plan chulitos a divertirse a costa del pobre tipo. Incluso parecían querer llevárselo de paseo en el coche para hacerle gamberradas. Los muy cabrones se creían por encima de los pobres indefensos porque papá les daba pasta y les dejaba el coche para pillar y fardar con las chicas. Siempre era igual y resultaba indignante.
El individuo hacía aspavientos con las manos, intentando quitárselos de encima sin mucho éxito. Aceleré los pasos, no podía permitir aquello, esta vez seríamos dos contra dos, no se lo iba a poner fácil, y pensaba anotar la matrícula y llamar a la policía.
Empecé a correr con el bolso a modo de arma, sosteniendo con fuerza las asas largas con la mano apretada. Y mi bolso era grande, muy grande, y pesaba lo suyo. Decidida, corrí sin más ruido que el del retumbar de mis pasos, que no era mucho pues llevaba cómodos botines de piel con suela casi plana de goma, y el rugir de mis pulsaciones desbocadas.
A la vez que lograban medio levantar al tipo para proceder a introducirlo en el vehículo, cargué contra el más cercano, y con un tardío grito de guerra que no delataba mi posición hasta el último segundo, impulsé todo el peso de mi bolso contra su cabeza, ambos de espalda pero éste medio incorporado para tirar del tipo hacia su lado, y le aticé en la coronilla con un golpe ensordecedor. Pensé que el cráneo se le había incrustado de lo fuerte que sonó el golpe, tanto que me lastimé un poco el hombro y la muñeca izquierda, pero en ese momento de tanta tensión no sentí dolor alguno. Tenía la adrenalina cargada a tope.
El chico, ahora veía que era un hombre joven de unos veinte años, cayó al suelo hecho un ovillo, agarrándose la cabeza ensangrentada y gritando como un cerdo desollado, pataleando.
Abrí las piernas, me afiancé y esperé a que se volviera el otro y me atacara, pero el otro tipo, algo más mayor, me miró enloquecido, colérico, aterrado... ¿de mí? Tampoco es que fuera el ángel exterminador. Se me puso a gritar en un idioma desconocido y se me aflojaron las rodillas  ¿qué clase de idioma o dialecto era ese? No me sonaba ni a inglés, ni a francés, o ruso, o alemán. Nada ni remotamente conocido, era gutural y parecía salirle del estómago, diabólico.
Soltó por fin al hombre que seguía forcejeando en el suelo, cada vez más liberado pues ese tipo solo no podía inmovilizarlo por mucho más tiempo. Al poco acabó desistiendo, aflojó del todo a su presa y dio un salto hacia el costado, con soltura, metiéndose en el coche echo una madeja deshilachada. En menos tiempo del que se tarda en derretir un helado a pleno Sol en el capó de un coche en marcha, el extraño individuo cerró todos los pestillos del coche sin mirar siquiera a su compañero herido, me miró con un odio infinito mientras se acomodaba en el asiento del conductor, me señaló, pronunció una serie de palabras que agradecía enormemente no poder oír ni entender, segura de que me habían maldecido para toda la eternidad, arrancó el coche y salió disparado a una velocidad de infarto, derrapando contra el duro asfalto, dejando tras de sí unas profundas marcas de neumático que sin duda seguirían ahí para los restos.
Al parecer le era más grato morir accidentado que seguir allí un segundo más, que tipo más raro. No dejé de mirar el coche alejarse hasta que dobló al final del camino y se perdió tras el recodo. El peligro había pasado y el enfrentamiento no había acabado tan mal. Ahora a socorrer a los heridos y llamar a la policía. Mientras metía la mano en el bolsillo para buscar mi móvil, noté que todavía tenía el bolso fuertemente agarrado con la otra y me estaba clavando las uñas, asó que aflojé el agarre y por fin miré al suelo. Y lo que ví me llenó de terror.
El chico herido había parado de gritar aunque, concentrada como estaba en la huida del otro, desde momentos antes había dejado de escucharlo. Y el que consideraba un vagabundo desvalido gruñía y sorbía con la cara incrustada en el cráneo reventado del otro, abierto como una sandía caída de un quinto piso, y la ahora pobre víctima se agitaba febril, moribundo, pasto de una carnicería., una cena caníbal con tintes surrealistas. Ante mis ojos veía como el hombre al que estaba dispuesta a salvar, por desdichado e indefenso, se cebaba clavando sus dientes en la frente y la cabeza del otro y arrancando, despedazando, todo cuanto cupiera en su abertura bucal, que se me antojaba enorme, bocados abominables que cercenaban la carne y troceaban luego su contenido, con partes de cuero cabelludo y largas hebras de cabello incrustados entre los dientes.
Y al alzar un poco más su cara para mirarme de reojo y no perderme de vista, delatada por mis temblores y mis sollozos incontrolados, ví esa mirada enrojecida, demoníaca rodeada de una piel de un blanco cadavérico con grandes salpicones de sangre rojísima que le daban un contraste antinatural, imposible, y aún cuando la luz no nos daba de lleno, parecía refulgir con un resplandor níveo, fantasmal.
El choco dejé de convulsionarse y el tiempo parecía detenido. El tipo aquel monstruoso continuaba ahondando en la herida, incansable, insatisfecho, que era ya un boquete chorreante de sangre y fluidos, e incluso la pared cercana, blancuzca en otros tiempos aunque no exactamente limpia, se veía salpicada con pedazos de piel y materia viscosa, como gelatina, pringosa. Todo en la escena era sucio y asqueroso pero poco a poco iba saliendo de mi ensimismamiento, sobre todo al ver que ya había devorado casi todo el interior de la cavidad craneal y su mirada comenzaba a adquirir fiereza e incluso veía destellos de lujuria, gula. Era fue la palabra que me vino a la cabeza. Gula. La cena le había sabido a poco y casi la había acabado. Volví a apretar con fuerza mi bolso. Empezaba a pensar que no había atacado a las personas correctas. ¿Quiénes eran aquellos tipos? ¿Qué pretendían? ¿Agarrarlo? ¿Intentaban llevárselo en el coche? ¿Meterlo en él para encerrarlo y que no hiriera a nadie? Tenía que huir pero aquella cosa estaba en medio de mi camino y retroceder no tenía sentido. ¿A dónde iría? A esas horas estaba todo cerrado ya. Miré a la carretera. No venían coches ni vehículo alguno en ninguna dirección. Podría cruzar y correr, correr hasta casa y… claro, y sacar la llave del portar, meterla. Y mientras aquello esperaría gentilmente sin devorarme.
Tenía dos opciones más que quedaban en la misma dirección de mi casa pero antes de llegar a ella: el guardia de seguridad de la entrada a los astilleros y el parque de bomberos que hacía esquina con los jardines que habían inaugurado al lado del bloque de viviendas donde residía.
Volví a mirar a la carretera. El tipo siguió mi línea de visión y sonrió, sacando la lengua pastosa entre los dientes. Apreté más el bolso y aquella cosa abrió los brazos como para marcar más el territorio, arqueó la espalda y dobló las rodillas. Parecía a punto de saltar sobre mí y no me iba a dejar huir. No podía esperar más. Corrí hacía el camino de asfalto sin perder su contacto visual. Él sintió mis movimientos y saltó sobre el coche que había tras el que había huido. Iba tras de mí en diagonal, siseando y balbuceando sonidos incomprensibles, grititos gargantuescos de puro placer. Corrí y corrí más aún, pero nunca había sido ni ágil ni rápida. Grité y redoblé esfuerzos sin mirar atrás hasta que un peso desproporcionado cayó sobre mi espalda y me revoleó, golpeándome contra el suelo. Forcejeé y me giré, enloquecida. Mi bolso salió de mis manos disparado y quedó tirado lejos de mi alcance, tanto daba. Gruñí como poseída, le golpeé el rostro y en el hombro pero era escurridizo y fuerte, más de lo que esperaba. Luché con todas mis fuerzas por zafarme, machacándole el costado con la rodilla y pisándole la espalda y las piernas con los talones. Ahora siseaba con más fuerza, incluso en un tono que parecía de burla o risa. Eso me cabreó, parecía no sentir dolor. Golpeé más y chillé, ciega de rabia. Y luego aullé de dolor cuando me clavó los dientes en el hombro derecho cerca del pecho. Dolía de morirse, quemaba y no podía zafarme.
Y por encima de mis latidos, la quemazón, el asco y la sensación de unos dientes hurgando y desgarrándome la piel, oí un ruido ensordecedor, un derrape que me hizo rechinar los dientes y el atronador sonido ininterrumpido de un claxon. Un coche nos había dado el encuentro y nos estaba intentando esquivar como podía. Yo estaba aturdida, desorientada por las luces de las farolas y por los faros del coche que me deslumbraban. No sabía bien donde estaba. Pero la criatura aquella sí, y el peligro del vehículo casi atropellándonos lo hizo saltar a la seguridad de la acera y agazaparse tras unos coches aparcados. Me levanté tambaleante y entumecida, me acerqué a donde estaba el bolso sin recordar el coche ni a la gente que iría dentro. Agarré mi bolso, ahora con un asa rota, y corrí dando traspies, alejándome de toda la escena. Corrí carretera arriba. Y esta vez sí miré atrás, y ví al monstruo asustado, clavado en la pared sin entender nada. No sabía si había sido el estruendo del coche al parar bruscamente, o el claxon ensordecedor, o las luces delanteras que se clavaban en las pupilas, pero el monstruo estaba abrumado. Tenía que aprovechar la oportunidad.
Ni garita de seguridad ni nada. A casa. Corrí como nunca, me dolía todo. Me sujetaba el hombro, sangraba pero no era una herida tan terrible. Pasé frente a la entrada al complejo industrial, no parecía haber nadie. Ya estaba más cerca de casa. Unos minutos y a salvo. Volví a mirar atrás. Se movía. Se movía saltando por los coches, pero estaba lejos. Sí, lejos. Y al parecer estaba rabioso, aullaba enloquecido, me había perdido e iba a hacer todo lo posible por recuperarme. ¿Y el coche? Allí no había rastro de nada, habían seguido sin pararse. Mamones.
Vi el edificio del Parque de Bomberos. Era pequeño, gris. Y el patio estaba iluminado, como siempre. Habría gente. Había tres coches de bomberos aparcados junto a la entrada y dos coches particulares a un lateral del patio. Miré de nuevo hacia atrás. Me daba tiempo, no podía aminorar ahora. Seguí corriendo paralela ahora a la verja del parque, cerrado a esas horas. Y lo sobrepasé, un poco más... mientras doblaba la esquina y me apartaba el pelo empapado de la frente, alcancé a ver la puerta. Giré la cabeza y ví al monstruo atrás, más cerca que antes pero aún alejado, no me alcanzaría. Saqué las llaves del bolsillo, siempre llevaba el monedero y las llaves en los bolsillos por si me robaban. Gracias a las advertencias de mi madre. Y llegué. Metí la llave en la cerradura, temblorosa pero decidida. Giró con facilidad y entré y cerré tras de mí con un fuerte portazo. Pero no me paré allí. Incapaz de esperar a llamar al ascensor y que bajara, encendí la luz automática de las escaleras y subí los escalones de dos en dos, con el pecho ardiendo, sin aire. Tendría que ponerme más en forma. Me pesaban las piernas y sentía que tardaba una eternidad, no podía más.
Alcancé el tercer piso con facilidad, resollando, y me apoyé en la puerta. Tragué saliva, asfixiada, y dejé una fea mancha oscura con mis huellas en ella. Ya lo limpiaría. Abrí y cerré con fuerza tras de mí. Por costumbre y esta vez por temor, metí la llave de nuevo ya en el interior, le dí dos vueltas para echar el cerrojo y la dejé colocada de lado. Otra sana costumbre de mi madre.
Entré sin encender las luces. Crucé el pasillo y miré por la ventana del salón. Las farolas de la calle y de la plazoleta que había enfrente iluminaban toda la zona. Todo estaba tranquilo, todo parecía haber sido fruto de mi imaginación, si no fuera porque…
Auh!, aullé de dolor y me tapé la boca para no despertar a mis padres. Si no fuera por la pequeña herida del hombro que achicharraba la carne por dentro. Me dolía la cabeza, el pecho, las piernas. De buena gana me daría una ducha pero asustaría a mis padres. Debía llamar a la policía. Pensando en llamar abrí la parte baja del mueble del salón, uno de sus cajones, y saqué agua oxigenada, algodón y una caja de tiritas de esas grandes que vienen en una pieza para recortar al tamaño deseado. Limpié la herida, no era para tanto pero dolía de morirse y lo mismo necesitaba puntos, ya iría al día siguiente al consultorio médico a que lo revisaran. Una vez desinfectada, cogí la tirita y me la coloqué entera. Me tomé un ibuprofeno que saqué del mismo cajón, fui al fregadero a lavarme la sangre y, entre temblores y fiebres, me acosté en la cama a oscuras.
Tenía mareos y todo me daba vueltas. Yo misma me decía que era normal, que estaba en shock y temblaba sin control. Pero la sensación era rara. No pensaba en mi atacante, ni recordaba ya que debía llamar a la policía. En mi malestar sentía que deliraba, con el cuerpo espasmódico y la mirada fija, perdida en las formas que la escasa luz de la calle que se colaba entre las tablas de la persiana recreaba en el techo, viendo más allá de ellas cómo resplandecía ante mis ojos el hermoso y vibrante líquido rojo que fluía de la cabeza quebrada del tipo muerto en el suelo. Y no pude evitar relamerme el exceso de saliva que se me desbordaba por las comisuras de mis fríos labios.



Relato: Azufre y rosas





Sé que nadie ha creído nunca mi historia, pero no por eso voy a dejar de contarla tal y como me pasó, pues supuso un antes y un después en mi forma de pensar y de ver las cosas. Por supuesto, jamás se lo conté a mi madre para que pudiera dejar atrás su dolor y pudiera seguir adelante.

Mi abuela María vivió toda su vida en el Barrio del Pópulo, cerca de la reja del denominado Callejón del Duende, un lugar antiguo y mágico en pleno centro de la capital de Cádiz. Cuando mi madre cumplió diecinueve años, conoció a mi padre, se casaron y se fueron a vivir a Asturias, donde nació mi hermano a los dos años y yo a los siete. No sé qué pasó entre mamá y la abuela, supongo que alguna desavenencia por la boda o por el novio escogido, pero lo cierto es que se llamaban poco y con tiranteces, y se visitaban todavía menos. No sé cuál de las dos era más testadura, pero sé que la situación les hacía daño, sé que mamá lloraba a escondidas en algunas ocasiones.
La abuela María falleció víctima de un ataque a la puerta de su vivienda, de un robo chapucero y miserable con escasas pretensiones pero gravísimas consecuencias. Unos chicos se escondieron, le dieron un susto para robarle el monedero cuando salía a primeros de mes para hacer la compra en La Plaza, el Mercado central de la ciudad y se resbaló con la mala fortuna de que se golpeó la cabeza con un escalón después de rodar escaleras abajo. Todo muy desafortunado.
Llamaron a casa cuando volvía de la escuela. Yo fui la que cogí el teléfono pero no la que recibí la noticia, ya que preguntaron por mi madre y, sin darle importancia a la llamada, le pasé el teléfono y me fui a mi cuarto. Cómo lloraba, como se agarraba al teléfono cuando recibió la noticia.
Con reticencias, dos semanas después aprovechamos un puente de vacaciones de cuatro días y bajamos a Cádiz a tramitar cosas del entierro y del seguro de defunción, y a visitar la casa para ver qué había de interés. Mamá estaba devastada, jamás la había visto tan hundida. Y cuando entramos al piso, en un edificio oscuro y  ruinoso de losas desgastadas, el aire se me bloqueó en el pecho y me sobrevino una arcada. Olía a moho, a libro viejo, a decadencia, era asqueroso. Papá se adelantó mientras esperábamos cerca de la entrada y encendió la luz, una luz amarillenta y opaca que sombreaba los muebles ajados con formas desagradables. Descorrió cada pesada cortina y abrió una a una todas las puertas y ventanas, y con la luz del día y el Sol entrando a raudales los bultos imprecisos adquirieron otras tonalidades más agradables y firmes. Mamá entró temblorosa, con los ojos enrojecidos por el llanto y las pisadas indecisas, sobrepasándome y adentrándose hacia la sala y los dormitorios interiores. El suelo era de un gris deslustrado, con algunas losas sueltas que producían un extraño tintineo al ser pisadas. Y las paredes eran horribles, empapeladas con gruesos papeles de colores apagados, con dibujos de rombos psicodélicos que apenas tenían ya formas concretas en algunos lugares más elevados. Si incluso tenía un televisor antiguo, de esos grandes como de madera que había visto en algún documental o película antigua, con un botón grande y redondo a un lateral y una gran protuberancia a modo de barrigota hinchada en la parte posterior. Era tan ancho y grueso que la pantalla se veía ridículamente pequeña ante tan inmenso cuerpo abultado.
Entré un par de pasos, trastabillando un poco al pisar en terreno irregular y me dio por pensar que lo raro hubiera sido que no hubiera muerto la abuela al pisar de mala manera una de esas losas sueltas.
Junto a una silla de madera repleta de marcas de polillas, había un pequeño altar que me resultó raro, feo, con fotos de dos niñas pequeñas, unas viejas y manoseadas, y otras más nuevas y a color: éramos mamá y yo, rodeadas de estampas de santos, rosarios y velas a medio usar. No me resultó agradable verme allí en medio, entre tanta suciedad y fanatismo.
Me di cuenta que la puerta se había quedado abierta y me di la vuelta para cerrarla, y al alcanzar de nuevo la entrada, una sombra cruzó el descansillo exterior, justo antes del lugar por donde la abuela había pisado por última vez antes de resbalar por los desgastados escalones. Salí insegura, mirando a los lados. La luz era clara y precisa, el Sol golpeaba fuerte y aún así había visto algo. Miré a ambos lados, nada de nada. A un lado, a ras de suelo, algo negro, muy negro me devolvió la mirada con unos amarillentos ojos entornados. Era un gato. Un gato muy negro, muy feo y muy sucio con mirada maliciosa, que agitaba la cola orgulloso y altanero, mirándome desafiante y curioso. No le di más importancia al asunto, suponiendo que era el movimiento del gato lo que me había despistado desde un principio, y volví hacia el piso, y ahí fue donde noté una presencia.
Bueno, no es así exactamente. Digamos que algo me atravesó. Sentí cómo tiraban del estómago hacia fuera desde dentro, y los pulmones se me separaron un poco. Era una sensación extraña, no dolorosa pero bastante molesta. Se me arqueó la columna un poco y me vino un fortísimo olor como a azufre o a podrido, o a ambos a la vez. Y otra fuerte arcada y hizo recordar, con un regusto agrio, el desayuno que habíamos tomado en una venta poco antes de llegar a la ciudad.
Debo decir que fue un larguísimo instante muy desagradable, pero lo que sucedió después me hizo cambiar de opinión. Un zumbido se alojó bruscamente dentro de mi oído, que se fue haciendo preciso hasta oir unas palabras muy claras en un tono inequívoco de mujer mayor, con un claro acento andaluz, que me dijo: bendigo en alma de mi amada nieta.
Y toda sensación de desasosiego y deterioro se alejó de mí, se separó de mi cuerpo en dirección a la casa, que todavía permanecía con la puerta abierta. Me sentí renovada, cómoda… feliz. Una extraña calidez inundó mi cuerpo y el ambiente se llenó de un fresquísimo olor a rosas. Sentí calor, sentí amor, sentí todo el cariño de mi abuela volcado en mi interior.
Entré en la casa y cerré la puerta con una sonrisa en los labios, una sonrisa que siempre aparece cuando recuerdo aquel momento.
No juzgo a mi madre, las cosas pasan y a veces no son fáciles de solucionar, y sé que se perdonaron y que se quisieron con locura y aún guardo en una caja las viejas fotos y algunas pertenencias que me traje aquel día como triste recuerdo de una abuela amorosa aunque desgraciadamente desconocida.

Hola a todos y Feliz Año con muuuucho retraso

Pues eso, he estado tan ocupada con las fiestas y otras cosas que he dejado un poco abandonado el blog. Bueno, de un poco nada, totalmente abandonado. Pero ya estoy aqui de nuevo con los relatos atrasados y otras novedades que tengo pendientes. Saludos a todos y empezamos el año con 19 días de retraso.



jueves, 16 de octubre de 2014

Relato zombie: Atrapado en un día de mierda



Hace doce horas que yo, un gaditano de pro de unos cuarenta y dos años de edad, trabajador (más o menos) y padre de familia, he sido ingresado de urgencia en el Hospital Puerta del Mar. Por lo que puedo recordar, lo que sucedió fue, más o menos, como sigue:
-         Mire usted, esto está más apretao que el culo de una gorda. – Le decía Paco al extranjero que tenía problemas de atasco en el retrete de la casa que había alquilado.
-         ¿Cómo dice? – Le decía el tío estirao con acento extraño.
-         Que por aquí no cabe ni el bigote de una gamba de frente, oiga.- Insistía Paco, fontanero de toa la vida, dispuesto a cualquier arreglillo que le proporcionara ingresos extras.
-         ¿Gamba? – Repetía el pobre pringao sin enterarse de ná.
El nota había alquilao por un pastón aquel piso que había dejao recientemente la difunta María Luisa sin más dueño que un sobrino espabilao. La propiedad en cuestión estaba en pleno Barrio de Santa María, en la calle Viento, en el bloque de pisos más feo y destartalao que se haya visto por la zona, en aquella calle lúgubre y estrecha, eso sí, recalcando en el anuncio que publicó en interné y en toas las inmobiliarias de Cai que era una vivienda tradicional, típica y céntrica, cerca al mar. O sea, prehistórica, ruinosa y con las cañerías en su punto más álguido de ebullición.
Y el sobrinito de marras gastándose los novecientos euros que le había cobrao al incauto por el alquiler en temporada alta de verano, que ahora se estaría puliendo en algún chalé en primera línea de playa. Si es que…
-         Le digo, señor Guiri de la Conchinchina, que por menos de cien pelotes no le arregla esto nadie.
-         Excuse me?
-         Que no meto las manos en mierda por menos de cien euros, oiga. Y ya usted se las arregla con el dueño. Que esto no es moco de pavo, ¿vale? Que me queda obra pá rato. Ci-en e-u-ros, ¿me entiende? Y mañana Ok, todo ok.
El tipo pareció entender, aunque no de buena gana, que le tocaba apoquinar la pasta, y sacó el efectivo de la cartera. Ya todo el tema económico arreglao, conseguí echarlo de cuarto de baño con aspavientos y empujones y procedí a equiparme pá pasar el mal trago. Saqué unos guantes como los que usa mi parienta pá fregar los platos, hasta casi el codo, y metí la mano con toa la cara de fatiga. Al fondo se notaba una cosa pastosa y dura, un engrudo asqueroso, compacto.
-         No veas lo que esconden los de fuera dentro de los intestinos, este tío ha venío a España a dejar to su porquería. Vaya tela lo que se ha formao aquí. Vamo, llegaría el tío un mes estreñío, por lo meno.
Salí al pasillo con el guante aún puesto, chorreando mierda por to el trayecto. Me había dejao las herramientas a la entrada. Tenía que desmontar to el tinglao porque ahí había más conglomerao que juntando toa la piedra ostionera de la Bahía. Cogí las herramientas y me metí en el cuarto de nuevo, no sin intentar antes sin éxito que el friki tiquismiquis me enchufara un ventilador cerca, más que ná pa alejar las malas pestes que salían del vater, y las que quedaban por salir.
Sudando como un toro en una corrida (¡uy, que frase más malinterpretable!), empecé a desmontar con cuidado de no partir “demasiadas” losas, y al cabo de un buen rato y mucho sudor, desplacé la pieza sin demasiados incidentes. Un reguero de un fluido pastoso indefinido corría desde el inicio del bajante hasta donde reposaba actualmente el vater y aparecía empercochándolo todo por el constante pisoteo de mis propios pies. Bueno, yo no lo iba a limpiar.
Primero usé una linterna pero aquello era boca de lobo. La peste era nauseabunda, repugnante, y mira que había desatascao el menda más váteres que conciertos dio el Maikel Jakson ese en toa su vida.
Cogí un desatascador y ná, parriba-pabajo con movimientos pajilleros frenéticos, con los sudores recorriéndome la espalda. Me sequé el sudor con el brazo y... ¡coño! Usé sin querer el brazo con el guante pringao. Hoy no es mi día, pensé mientras me terminaba de ensuciar quitándome la porquería con la camiseta, que era blanca cuando se inició el día.
Tras varios ruidos desagradables pareció destaponarse con un fuerte ¡PLOC! que hizo retumbar toa la casa. Parte del contenido de la tubería salió vomitao y el olor se desperdigó por la casa. El tipo que me había contratao asomó la cabeza, abrió los ojos como platos y asqueao-aterrorizao, salió huyendo pal salón. Mejor así, que no se puede trabajar con mirones, se desconcentra uno.
Cogí un palo largo que tenía preparao y lo metí por el hueco, pero a pesar de todo aquello no entraba ni a la de tres. No, si al final todavía le había pedio poco parné. Pos ná, a meter la mano otra vé. Vaya mierda…
Y en eso estaba, con la mano dentro hasta más arriba de la muñeca, empujando algo duro, profundizando más, más, hasta que la masa pastosa alcanzó el borde final del guante y se coló por dentro. Hoy me toca la lotería, me dije asqueado, con la cara casi metida en la pringue del sueño. Y noté un bulto, un bulto gordo que pareció… chillar, moverse… ¡y morder! Joder, hostia puta, una rata.
Saqué la mano a toa carrera y me quité el guante dolorido. Tenía una herida profunda, una mordedura. Me enjuagué las manos en el grifo del lavabo, salpicando porquería por la pared y por el romi, y me sequé to la pasta esa enfermiza con la toalla bordada. A la mierda el bordao. Estaba asustado por coger una infección, la rabia o sarna de esa. Cabrona de la rata. Me puse otra toalla del armarito de enfrente pá cortar la sangre y me agaché con la linterna pá ver por el boquete, con recelo. Algo me saltó a la cara. La joía rata quería más.
Forcejeando con ella salí al pasillo, intentando estrujarla con la otra mano. Mientras resbalaba por la suciedad del suelo y me daba un golpe en la cabeza, el mierda de bicho seguía atacando hasta que la agarré como pude y la separé de la cara. Era asquerosa, olía fatal y parecía rara, como… podrida. De hecho, tenía un trozo de carne menos en el costado y le colgaban las tripas. Pero seguía mordiendo al aire. Asustao, la tiré lejos hacia el cuarto de baño y ví, pá mi horror, que en vez de atacar de nuevo, procedía la muy mamona a alinearse con otras doce o trece amiguitas que, como la primera, con órganos colgando o con falta de ellos y sin inmutarse por ese hecho, echaban cojones preparándose pá atacar.
Cogí el palo de desatascar, allí plantao el medio del corredor en posición de defensa, o yo que sé, acojonao. A la vez, como el ejército mejor organizao del mundo, atacaron sin piedad. Mi acojone aumentó en proporción. Al carajo el Canal Plus, veré el fútbol en el bar, como siempre, y eché a correr como perseguío por la bruja Lola en pelotas. Mala suerte que el mierda de guiri chungo tropezó conmigo y caímos al suelo y, mientras me volvía e intentaba quitármelo de encima pá guanajarme a la voz de ya, toas las asquerosas ratas zombies se me tiraron encima. Y no recuerdo más, sólo que estoy aquí to vendao, rodeao de tubos y aparatos entre pásticos y precintos, con una peste a podrío que no se puede aguartar. Lo raro es que tó está limpio y seco, creo que el podrío soy yo.

viernes, 10 de octubre de 2014

Reseña sobre el Festival Manga de Cádiz 2014


Comienzo el artículo con un comunicado del Ayuntamiento de Cádiz donde se habla de la programación y del evento en general:

El Festival Manga de Cádiz, del 3 al 5 de octubre en el Baluarte de Candelaria


Organizado por el Ayuntamiento de Cádiz, junto con siete asociaciones juveniles comoMilenaria, Kaigi, Isshin, DivineLoL, Mueve Ficha, Fénix y Agoca
La concejala de Juventud, Carmen Sánchez, ha presentado hoy la programación del Festival Manga de Cádiz. La edil recordó que  el Ayuntamiento de Cádiz, en colaboración con la asociación juvenil ANIRAISE, “han venido celebrando, desde el año 2006 hasta el 2012, un salón anual dedicado a la cultura japonesa y al mundo Manga. Han sido siete los eventos organizados, en sus inicios, en el Baluarte de  la Candelaria y los cinco últimos años en el Colegio San Felipe Neri. El pasado año 2013, no se celebró el Salón Manga debido a la disolución de la asociación juvenil ANIRAISE, que se encargaba de  todo lo relacionado con las actividades del evento.
Novedades
Esta nueva edición de 2014, tendrá, entre otras muchas novedades, el cambio de nombre del evento, que se llama a partir de este año festival manga de Cádiz (Femanca)
Ya cuenta con una página web, visitada por miles de  seguidores del mundo otaku, cuya dirección es www.femanca.es , donde se informa, simultáneamente por todos los colectivos participantes, de todas las actividades previstas y de las novedades que van surgiendo”.
El evento Manga se celebrará el 3, 4 y 5 de octubre. También como otra novedad para este año, “es que tendrá un formato más pequeño que en las últimas ediciones del salón, por lo que volverá a su inicial ubicación, el Baluarte de la Candelaria”. No obstante, el Ayuntamiento tiene previsto, “si la respuesta del público así lo requiere, que para próximas ediciones se pueda utilizar el nuevo espacio cultural creado en los Depósitos de Tabacos, lo que dará un gran impulso al evento al poder contar con unas instalaciones ideales para este tipo de actividades.
Como en ediciones anteriores, el cartel que anunciará el festival ha sido seleccionado entre los 25 participantes en el concurso programado para tal fin, siendo el ganador el presentado por Francisco José Asencio Ibáñez.
“Siempre hemos querido primar que fuera un lugar de ocio, de cultura, de formación, de relación y de diversión primando lo lúdico ante lo comercial. Esta es una característica de la actividades manga que se han celebrado en Cádiz que lo diferencia de otros más comerciales”, explicó Sánchez.
Además, con un incremento y una apuesta decidida por dar una mayor importancia, sin restar presencia de las actividades centradas en el ocio, a la cultura japonesa. “De este modo tendremos un espacio ubicado en el Centro Cultural Reina Sofía destinado a conferencias, proyecciones, mesas de debates y un concurso de oratoria japonesa”
Actividades
Este Festival no quiere sólo centrase en el manga (historieta japonesa) o en el anime (series de dibujos animados), sino que se adentra en diversos aspectos de la cultura japonesa de gran interés y esto se verá reflejado en el programa de actividades. Nos referimos a temas tan variados como la arquitectura japonesa, el Zen, los bonsáis o la gastronomía del país del lejano oriente.
Para ello se ha confeccionado un programa que recoge conferencias, videojuegos, talleres, proyecciones, mesas redondas, exposiciones y una gran variedad de actividades divertidas que tendrán su máxima expresión en el escenario.
Por otro lado, el evento tendrá también un espacio dedicado a las tiendas, donde comprar artículos relacionados con la temática.
El Festival del Manga de Cádiz (Femanca) contará en su programa con las siguientes propuestas a modo de resumen:
-         Conferencias de cultura japonesa, con temas variados (Arquitectura, Zen, 400 años de la llegada de japoneses a España, Viajar a Japón)
-         Concurso de oratoria japonesa.
-         Mesa redonda: A ti porqué te gusta el Manga
-         Torneo de LOL (League of Legends)
-         Zona de videojuegos
-         Zona de Juegos de Mesa
-         Taller de arte floral
-         Taller de idioma japonés
-         Taller de caligrafía japonesa
-         Taller de origami (papiroflexia)
-         Taller de fabricación de katanas y yelmos samuráis
-         Taller de Clayorama (figuras de plastilina)
-         Taller de cubo rubi (cubo mágico)
-         Karaoke japonés
-         Cosplay (disfraces manga)
-         Torneo de Go (juego de mesa parecido a las damas)
-         Taller de Go y otros juegos orientales
-         Taller de Hama (elaboración de figuras con piezas pequeñas de plástico)
-         Exposición de Bonsais
-         Zona de juegos de rol
-         Zona gastronómica (donde degustar Ramen, Sushi , etc)
-         Exhibición de artes marciales
-         Exhibición de Soft Combat (simulación de luchas de videojuegos con  materiales acolchados)
-         Taller de marionetas manga
-         Otras actividades               
Espacios
Los espacios estarán repartidos entre Stands informativos, Área gastronómica, Escenario, Salón de Proyecciones y Conferencias, Zona de Consigna, Zona de tiendas comerciales y  Zonas de actividades.


Opinión personal

Buen ambiente en general, buena recepción del público con un amplio abanico de actividades que cumplían, por lo que pude ver, con los horarios y las propuestas, sin que faltara material o instrumental necesario.

El escenario siempre activo, las mesas de información siempre dispuestas para el público.

En general, buen Salón manga o como lo quieran llamar.

Como contras a destacar: el pequeño espacio del recinto para tanta afluencia de público, lo que conllevó interminables colas, al menos el sábado, a la espera de que saliera gente del recinto para poder ir entrando, colas de espera hasta de horas. El segundo punto flojo a destacar, a mi parecer, fue el tema tiendas: pocas y con muy escaso material. NO había dvds y bluerays de anime a la venta, ni manga actualizado, ni videojuegos... sólo una gran cantidad y variedad de peluches y material similar que no satisfacía para nada las espectativas de la peña.

Por no hablar de las altas y sofocantes temperaturas, sobre todo del sábado... Pero bueno, detalles menores para tan buenos ratos.


Y claro, eso de que el acceso fuera gratuito... A ver si aprenden otros, y dejan de lucrarse a costa de los aficionados a estos géneros.

Ahí tenéis una muestra del lugar:









domingo, 28 de septiembre de 2014

JUEGO DE SALONES



Juego de Salones

Comienzo este artículo haciendo un juego de palabras a sugerencia de unos amigos tras una larga charla comunal online, muy instructiva. Y parafraseando a nuestro G. R. R. Martin recuerdo, pues viene a colación con el tema a tratar, una frase suya que me pareció adecuada: “El guerrero que lucha por dinero sólo es leal a su bolsillo”.

Y hablando de luchas por los Salones, de guerras y de dinero, ahondamos en el tema de la reciente proliferación de Salones de Manga, Comic o Videojuegos en Cádiz (concretamente los más renombrados de Cádiz o Jerez de la Frontera).

1 ALCE habla sobre la SuperCon


A escasas horas de cerrar, y añadiríamos, con notable éxito las Jornadas comiqueras en Jerez, llamadas SuperCon que han tenido lugar desde el 26 de septiembre hasta el presente 28, el balance de 10 mil personas visitándola y las redes sociales echando humo, dan cuenta de lo que ha representado.

Que nunca llueve a gusto de todos, es un hecho irrefutable. Que si no hay manga, las entradas, la SuperCon versus la ComiCon...Nada que no acontezca en cualquier evento de cierta envergadura, así que podemos decir en voz alta que ALCE han aprobado con nota.

Pasemos a despejar las dudas que ellos mismos se han encargado de redactar mediante este comunicado.

La primera pregunta llama la atención, porque últimamente parece que si no hay manga, no vale y no, no hemos encontrado manga. He aquí la respuesta de ALCE:
A-Gran pregunta, no lo hacemos por gusto, ni por odio al aficionado de este género. De hecho en futuras Supercon en otras ciudades, el manga, tendrá el protagonismo que se merece. La verdad es que simplemente no podemos por contrato. El Salón del Manga de Jerez tiene la exclusividad de todo lo relacionado con “Made in Asia”. Y no, no hemos podido negociar con ellos; incluso el director del Salón del Manga de Jerez vino en persona a hacer fotos a escondidas a la Supercon para reunir pruebas e intentar denunciarnos… de momento creemos que quiere hacerlo porque el stand de la cafetería vendía ramen…

Vemos que ni todos son tan amigos ni se hace lo que se quiere en los eventos.


La proximidad de fechas con el evento de Cádiz, es otra de las polémicas. Respuesta:
A-Este tema es gracioso. Allí nos odian bastante por esto, pero la verdad supera la ficción en este caso. Os cuento; la Supercon se planeaba para Cádiz capital en los primeros momentos, el ayuntamiento nos dijo que solo nos apoyaría si conseguíamos reunir a la mayoría de las asociaciones de Cádiz; nos costó 2 semanas, pero lo conseguimos ¿Y cómo nos lo agradeció? Pues… después contactó con ellas a nuestras espaldas. Cogió nuestras ideas y proyectos (de donde iba a ser realizado el evento, enfoque, etc) y decidieron plagiar todo nuestro proyecto… sin nosotros. Nos daban largas a la vez que colocaban su evento una semana antes que la fecha de la “Supercon Cadiz”, en el momento que nos enteramos, decidimos aplicar el dicho de “prueba un poco de tu propia medicina” nos hicimos los tontos, y trasladamos el proyecto a Jerez una semana antes del suyo. El resto como se suele decir… es de sobra conocido.
Huelga decir que son claros, muy claros y que nosotros plasmamos la nota literalmente.

Es el primer evento que organiza, así que muchos críticos se han cebado en ellos, sin pensar que nadie nace enseñado. Respuesta literal:
A-Bueno, si este es nuestro primer evento, y somos una nueva asociación, está claro que deberíamos empezar “en blanco” (total, aún no hemos tenido tiempo para cagarla… :P) pero no ha sido así. Solo os puedo decir amigos, que si en vez de dar credibilidad a estas críticas, investigáis un poco en los usuarios que las realizan, veréis que el 75% de los perfiles corresponden a nuevos usuarios no existentes desde hace más de un mes, o a organizadores, colaboradores y simpatizantes del Salón del Manga de Jerez.

En este punto me permito añadir a los interesados que nuestro abogado está tomando las medidas legales correspondientes y recibirán noticias nuestras pronto.


Que cada vez hay menos ayudas destinadas a eventos de este tipo, es algo que nos dejan claro y las entradas ha sido otro punto caliente:
A-Este punto es “pa mear y no echar gota”. Este es otro de los ataques organizados más fuertes que hemos recibido a través de las redes sociales. Vamos a ver, hay dos formas de organizar un evento de este tipo. La primera, lo organiza una empresa o una asociación sin ánimo de lucro, que en el pasado (pre-crisis) estas asociaciones disponían de fondos públicos para realizar sus actividades, pero esto ya se acabó. La segunda, que nosotros hemos utilizado. Es que una empresa o una asociación sin ánimo de lucro (como es nuestro caso) te cobran entrada (los primeros para lucrarse, y los segundos para invertirlo en mejorar el evento). Alquiler de instalaciones, mesas, sillas, televisiones, consolas, escenario, caché de invitados, transportes, dietas, hoteles, premios… pffffff podría seguir lo suficiente como para llenar tres párrafos más, solo os diré que es UNA AUTENTICA PASTA, pero, en nuestro caso, que nos hemos criado con esto, que siempre hemos soñado con algún día poder hacer un evento de este tipo, es con todos sus problemas y riesgos, un sueño hecho realidad.

Por último me remito ya a nuestros amigos de Cádiz capital, de forma breve diciéndoles. 1º Al Ayuntamiento de Cádiz: ¿Si el salón de Cádiz molaba tanto como es que no se hizo el año pasado? 2º Al público: Si, la entrada es gratis, pero si no hay pasta, no puedes ofrecer cosas más allá de lo cotidiano, talleres, exhibiciones y poco más. Como bien dijo una usuaria de Facebook en defensa nuestra en las redes sociales: “Así acabo el Salón de Cádiz, que al final lo único que había eran tiendas”



Sobre la polémica entre ComicCon y SuperCon, nada que añadir: que el año que viene piensan volver a petarlo.

El último punto a debatir versa sobre la organización, stands y el alubión de críticas recibidas porque no se ha usado todo el Pabellón de IFECA, entre otras lindezas. Allá va la respuesta:
A-He dejado este punto para el final, porque realmente, es el que más me entristece (sin ironía). Personalmente he dedicado más de 20 años a este mundillo como consumidor y seguidor, y algunas de las cosas que he leído… me destrozan el corazón.
-Sobre el recinto: Se han recibido críticas que solo argumentaban que era un mal evento porque el IFECA “no se usaba en su totalidad”. Vamos a ver, lo importante no es el tamaño si no la optimización de este. El único motivo por el que los grandes eventos contratan mucho espacio es para ganar más capacidad de aforo, y luego, la mitad de las instalaciones están vacías con alguna exposición improvisada para que no se vea el hormigón. Yo os desafío a que cojáis nuestro listado de actividades, charlas, torneos, talleres, etc y los comparéis con cualquier otro evento. PUEDE que os sorprendáis ;) (y si, cuando en el futuro necesitemos más espacio para llenarlo DE VERDAD, contaremos con más espacio).

-Sobre las tiendas: Contamos con 20 stands comerciales y otros casi 20 de stands de artesanías y artistas; cubrimos el 85% de los artículos demandados usualmente en un evento de este tipo. Sin embargo, hay criticas del tipo “pocas tiendas”. Chicos, lamento ser yo el que os lo comunique, pero… te han engañado, y no ahora, si no desde hace años. Si se realizara un estudio de material, se deduce que con entre 20-30 stands comerciales pequeños se cubre toda la variedad que el cliente estándar de eventos de este tipo busca y espera encontrar. A partir de ahí, es única y exclusivamente ver el mismo material repetido una y otra y otra y OTRA VEZ.

El único motivo por el que las ferias tienen 60, 80 o 100 stands, no es para ofreceros más variedad, es para cobrar los alquileres de estos. Así aunque el evento salga mal, ellos ya han ganado dinero; lo que nos lleva de nuevo al punto de que somos una asociación sin ánimo de lucro y por lo tanto, no lo “necesitamos”. Preferimos invertir ese espacio en daros de verdad actividades únicas, exclusivas y distintas a las que normalmente no tendríais acceso, en vez de cobraros una entrada para daros acceso a un “mercadillo friki” ;)

Antes de cerrar este punto, y para que entendáis lo que os quiero decir, os contaré que ayer sábado respondí una publicación de una chica por Facebook, decía que el evento era una “caca” porque no había nada de comic. Yo le dije (de forma abreviada) “Cariño, tienes un montón de artistas, gente con renombre a nivel nacional y mundial, conferencias exclusivas, actividades de comic muy originales… normalmente solo tendrías acceso a esto en las ciudades de Madrid y Barcelona, y tú dices que no hay nada de comic, pues si cuando dices que no hay nada de comic quieres decir que no están las 3 o 4 tiendas de comic de tu zona (o de otra) que normalmente puedes visitar todos los fines de semana (sin ningún coste) pues sí, no hay nada de comic”.

Os dejo una reflexión: ¿Cuándo fue que nos convencieron de que un salón consiste en pagar una entrada por tener acceso a un gran mercadillo friki? ¿No estáis hartos de escuchar ese famoso comentario de “a las 2 horas me aburrí y me fui, solo había tiendas”?

Las cosas van a cambiar, primero aquí en Jerez, y con el paso del tiempo en España entera, damas y caballeros, bienvenidos al próximo nivel.

Director de la GIRA SUPERCON.


No vamos a añadir nada, porque creemos que queda todo bien explicado. Nuestro redactor que está cubriendo el Evento, nos dejará las fotos que hizo y poco más, ya que su corazón está en parte en la organización de este evento.
Los sinsabores se suceden en todas partes y es una pena que en vez de ayudarnos todos, nos echemos tierra los unos a los otros. Con lo bonitos que son los Salones, la de amistades que se forjan y la de cultura que se aprende.

Tomemos nota y reflexionemos, que no está de más.

Y paso a analizar el texto:

Por un lado hablan de su notable éxito.

Vemos en esta foto el notable “éxito de visitas” del recinto fijándonos en el fondo de la imagen (sin despreciar ni a la chica ni al disfraz).




O en esta otra, para que no se diga que he usado una foto que por las circunstancias y el momento, coincidió así como por magia divina.


:




Y ojo que, al menos la segunda, sé con seguridad que fue realizada el sábado, que se presume el día álgido de los Salones, al menos en lo que a afluencia de público se refiere.

Respecto al hecho de que la gente protestara porque no había manga o los organizadores tienen algo en contra del manga, leo Tweets que me indican lo contario:

Una chica, una tal Lucía, de la que no doy más datos porque no he pedido permiso para ello, escribe literalmente:

“Me ha decepcionado un poco porque la verdad supuestamente había cosa de series y de súper héroes y sólo había cosas manga y anime vamos que para esto es lo mismo que el Salón Manga y también súper pocas tiendas así que no vendan cosas que no hay, para mí ha sido decepcionante iba con unas expectativas que se me esfuma espero que lo arreglen”.

Y a pesar de la falta de signos de puntuación y demás, se entiende su decepción, queda dudosa la idea que tienen los organizadores sobre lo que piensa la gente sobre su aversión al manga, al contrario, la chica parece opinar que hay más manga del que debiera y nada de comic americano.

Y no es la única persona que opina similar, otro chico twittea: “Defraudado con la Supercon en Jerez. Tal vez sera por comparar dicho evento con la ComicCon que se celebro en el mismo lugar, IFECA, hace un par de años. Para empezar el recinto cerrado en sus dos terceras partes, o sea un solo tercio de lo que se vivió en la ComicCon. Apenas stands en el local. Se echa de menos las tiendas y entidades de la provincia, así como los clubs. En veinte minutos se ve todo lo que hay. Después, un evento centrado en el mundo de los superheroes, en las series, en el cine… Poco o nada he visto de ello. Otro Salón Manga más. Sí, eso puede estar bien para quien busca ese genero, pero los que no, pues desengaño total. ¿Concurso de cosplau sin manga? Pues no, lo mismo de siempre. Creo que en el futuro eventos como este puede desilusionar a espectadores que tal vez dejen de asistir a otros de mayor calidad por pensar que se pueden encontrar algo parecido.”

Este es más generalizado, criticando de manera negativa no sólo el exceso de espacio libre, sino además la falta de tiendas y, lo que es aún peor, la falta de material en dichas tiendas relacionados con el tema del que trata el Salón. Por lo tanto, vuelven a quejarse de lo contrario, los organizadores diciendo que la gente quiere más manga y que los critican por eso, y yo veo lo contrario, que se desea menos manga del que hay.

Refiriéndonos al tema videojuegos:


Más críticas online, en una porción de conversación entre 3 chicos, David, William y Adrian, de los que no doy más información personal, y hablan así, en ese orden de personajes:

“Adrian **** había alguna tienda que se dedicará a la venta de juegos retro?”
“Ninguna. Ni juegos, ni comics. Solo camisetas de minecraft, lol y algo más, sudaderas, y peluchitos. Bueno, y un stand con libros y otro con posters. Para que contar”
“Pues eso. 4 tiendas cutres mal contadas. Si quieres juegos retros dirigirte a *****”

En resumen, otra crítica a la falta de material básico para un evento de este tipo. Que sí, que había pocas tiendas. Pero pocas tiendas, y encima mal surtidas…

Y otro más, en la misma línea. En este opina un tal Alfonso: “Ir a la #Supercon y no ver cómics… 10 minutos he durado y 4€ me ha costado…”. Aparte del divertido pareado más cínico que otra cosa, vuelta a resaltar la misma deficiencia.

Dentro del apartado de torneos y talleres…

Otra crítica igual de inquisitiva, de una chica, María, que dice literalmente así: “Lo ponen como algo grande y genial y no ocupa ni medio Ifeca XD Parecia más un mercadillo por algunas partes que otra cosa. Los horarios no se cumplían en los torneos. Era un poco detrimente pues no había materiales en los stand de hammas y talleres para todos y te quedabas mirando como unos si y otros no. Te anuncian concursos para ganar camisetas y luego pasan totalmente. Vergüenza.”

Este es una muestra de varios mensajes más que he leído con las mismas intenciones: Quejarse de lo desolado y vacío del paisaje, pero no sólo eso, sino que, si encima que hay pocas tiendas y se ven en 10 minutos, las actividades lúdicas o recreativas extras no te ofrecen divertimento para echar todo el día, el aburrimiento se apodera de la gente, te das cuenta de que estás perdiendo tu tiempo y de que ya perdiste tu dinero.. y en fin, para casa. Y para colmo, largas esperas tanto para entrar como para intervenir en algunas actividades, que luego ni llegaron a realizarse.

Por ejemplo, para no mentir sobre la cantidad de personas refiriéndose a las mismas carencias, Toni comenta: “Otro que me ha parecido mejorable en todos los aspectos. Es la primera vez que me siento realmente timado en un evento de éste tipo, y eso es mucho decir. Se vendía como salón del video juego y el cómic, pero ha acabado siendo el salón del Lol y el manga, y hasta en esto último tampoco daba la talla. Pequeño, falto de tiendas, falto de variedad de actividades, caro para lo que ofrecía, y mucha desorganización el general. Yo desde luego para otro año no repito”.

Y recalco especialmente este mensaje no sólo porque en general resalte las mismas críticas, sino por la última frase. “Yo desde luego para otro año no repito”. Resalto estó porque es lo que más miedo nos da a los aficionados o fans de estos eventos, el hecho de que caiga la afluencia de público, lo que conllevaría encarecimiento (sí, aún más) de las entradas y... al cabo del tiempo, cancelación. Se creerán los organizadores que algunos criticamos por el mero placer de fastidiar, dar la lata o desprestigiar su trabajo. NO, señores, la mayoría criticamos precisamente por lo contrario, porque adoramos los Salones, porque deseamos durante todo el año que llegue el evento siguiente para comprar (sí, comprar mucho, por eso queremos muchas tiendas con variedad), para reunirmos con los amigos que apenas vemos en el año y para hacer nuevos amigos, para cantar, bailar, e incluso coser y lo que haga falta. Queremos divertirnos y hacer de todo un poco, que haya variedad y en abundancia. Y bien hecho, que para eso hay un año entre uno y otro. Y deseamos, sobre todo, que se acepten con humildad y afan de superación nuestras críticas, porque os estamos diciendo que queremos más y mejor, sin tener, encima, que escuchar frase como “que el año que viene piensan volver a petarlo.” ¿Petar el qué, no leéis las críticas?



Más críticas de última hora, en la misma línea

Javier nos dice: “Para lo que había, la entrada debería haber sido gratis. Desde Sevilla a Jerez y tan sólo he estado una hora porque me parecía ridículo el haber pagado 4 euros por estar cinco minutos viendo a gente jugar a LOL. Si no se mejoran las cosas, pal año que viene no va ni cristo.

Juan Jose apunta:” Una perdida de dinero, muy mala organización a la hora de dar los premios, me parece demasiado fuerte que un torneo que se monta en un sabado, te obliguen ir el domingo para recoger el premio en cuestion, cuando ya has ganado el sabado, tiendas que era LOL, LOL y.. ah, si, LOL. Hacerse fotos de los que han ganado con dinero de verdad, para despues darte un cheque regalo, sin sentido. Medio Ifeca valiendo igual que lo que vale un Salon Manga, que es toda ifeca. Escenario… sin comentarios, menos mal que fueron autores buenos para ver al menos algo interesante. Decepcion total (y aun me dejo mas cosas en el tintero, pero no me acuerdo ahora mismo).

Y aquí al menos un único punto, el único que he leído en estos tres días, diciendo que al menos habían autores buenos… Algo es algo. Pero, ¿les será suficiente a la gente para repetir el año próximo?
 

2. JaqueMate contraataca.

Comunicado oficial del SALÓN DEL MANGA DE JEREZ


Ante la gran cantidad de consultas que hemos recibido durante estas últimas semanas, Salón del Manga de Jerez® y Comic Con Spain®, marcas comerciales registradas convenientemente a tales efectos por la empresa Jakemate Eventos S.L., quieren mediante este comunicado hacer saber a sus visitantes, comercios, amigos, proveedores y todos los medios de comunicación que nos siguen, que ni la productora Jakemate Eventos ni la Asociación Cultural de Coleccionistas Españoles de Figuras y Comics (CEFYC) tienen absolutamente nada que ver con la producción, promoción y comercialización de recientes eventos aparecidos en la provincia de Cádiz y que, debido a la similitud de sus nombres a nuestras marcas, pueden ocasionar confusión y riesgo de asociación en cuanto a su origen y nuestra implicación en dicha organización.

Aprovechamos la ocasión para anunciar que tanto Salón del Manga de Jerez® como Comic Con Spain® tendrán edición en el 2015 y ambas se encuentran en fase de desarrollo y producción, con nuevas sorpresas para todos vosotros, que sin duda marcarán la diferencia dentro del panorama nacional en cuanto a ferias de ocio y entretenimiento se refiere. Toda persona, asociación o empresa cuyo deseo sea formar parte de nuestros certámenes no tiene más que ponerse en contacto con nosotros a través de nuestros mails de contacto.


Este comunicado lo leí en http://www.entrecomics.com/?p=101526 desde donde podréis acceder a más información.



Por medio de este comunicado que intentan popularizar enviándolo a una variedad de webs frikeras para que se difunda de manera genérica, la Asociación Jaquemate se exonera de responsabilidades por los salones y eventos que nada tienen que ver con su organización. En vez de unirse como organizaciones de eventos similares, se separan, dando a entender desde un principio sus eventos están a otro nivel y para nada quieren relacionarse con “la chusma”.



Pretendo no haber leído correctamente, o no terminar de creerme, aquello de que “incluso el director del Salón del Manga de Jerez vino en persona a hacer fotos a escondidas a la Supercon para reunir pruebas e intentar denunciarnos” porque sería la hostia.



Además, La Asociación Cultural Kaigi organiza la semana que viene el I Festival de manga de Cádiz de 2014 en colaboración con el Ayuntamiento de Cádiz. ¿Qué me consta que la Asociación Jaquemate intentó organizar un Salón Manga en Cádiz en el Colegio de San Felipe Neri como tuvimos en años anteriores? Sí, me consta. ¿Que como pretendían cobrar entradas y el Ayuntamiento les dijo que de eso nada? También me consta. ¿Qué la asociación Cultural Kaigi tendrá problemas con sus asociaciones competidoras? Por descontado.


Por eso hablaba de Juego de Salones, porque el pastel está cortado y nadie anda contento con su porción. Pena que no exista ninguna Daenerys Targaryen con dragones escupefuegos que pusieran a todos en su sitio…



Y digo yo, como reflexión final… ¿No sería más conveniente y saludable para ellos y más cómodo para los aficionados mantener este tipo de rencillas, como suelen existir y existirán en tantísimos otros sectores empresariales, en el ámbito de la privacidad, y luchar por una organización más eficaz y coordinada?